jueves, abril 14, 2011

Te gano, te desprecio, te ignoro, te amo, te ordeno, te creo

El hombre grita con fuerza para ser escuchado, levanta media tonelada de metal, termina, se para y grita de nuevo. ¿Vos que miras? Le dice al flacucho que lo mira con rostro de pregunta y que nada se anima a decir. Las pesas yacen inertes a la espera de otro que quiera levantarlas...

Un automóvil la deja en la calle, despedida de la puerta como una bolsa de basura, y unos billetes caen al suelo, ella mira a través de esos ojos torcidos por la humedad de las lágrimas, y camina torpe y aturdida, acomodándose la escasa y reiterada ropa que lleva puesta.

Dame otro más, No tengo, responde el pequeño que ya no tiene mas cigarrillos: esos que pueden comprar baratos, que ya no saben ni que fuman, porque el que vende ya no sabe que vende, porque el que produce quiere que así sea. Se quedan los dos mirando un árbol, Mirá, parece mi hermana. Es tu hermana gil, no te diste cuenta. Sale del auto del patova, el hijo de puta que la otra vez la dejó de cama. A ese gil le voy a inflar la panza a corchazos. Tené cuidado, es pesado el logi ese. Mi nueve es pesada, y a ese gil se la voy a mostrar de cerquita, por puto, se cree grande el gil, pero un corchazo en la frente....vas a ver. Dijo esto y le dio la pitada final al cigarrillo entre los dedos.

Que te pasó mi'jita, pregunta la mujer, ella no responde y se sienta a la mesa. ¿Fue ese hijo de puta, decime, fue ese?. Ella calla, y mira al plato de arroz que tiene delante, y toma con desgano un sorbo de un vaso con agua. ¿No estaba el Pitu?. Que va a estar... después se queja cuando no le quieren pagar por cuidar los autos de la avenida, se la pasa con el otro fumando esas porquerías... En la oscuridad de los pasillos se escuchaba el eco de alguien gritando, llorando, chicos corriendo y la caída de alguna botella. La luna brillaba sobre los techos de chapa.

El despacho estaba como siempre, ordenado, el saco en el lugar correcto, las carpetas en la pila correcta, la secretaria con la sonrisa determinada y bien estudiada, que recibe al comisario y le dice que espere, que el fiscal lo recibirá enseguida. El tipo espera, hasta que el fiscal entra, saluda y se sienta detrás del escritorio, y mira con complicidad al señor comisario en su riguroso uniforme.
¿Cómo anda todo?, pregunta el fiscal. El comisario responde que bien, que las cosas andan bien pero que el clima está medio pesado y algunos están pidiendo más. Mirá Ramírez, acá se trae lo que se pacta, sino es muy simple, aparece la carpeta en la oficina, y le van a dar curso, sabes muy bien quien cae primero... así que mi viejo, reclamen hacia abajo viste, todo sube, ayer cambié el auto y los del concesionario no me descontaron nada, así que tomatelás y la próxima venite sin problemas. Ramírez se fue caminando despacio por un pasillo, dando golpecitos al arma en su cintura, como una palmada a un viejo amigo...

El ministro de seguridad acaba de emitir un comunicado, donde promueve al comisario Ramírez a la Jefatura de la División de trata de personas.

Ella está contenta, un primo la llamó por teléfono, tiene el contacto de un lugar donde puede trabajar, Van tipos de mucha teca, seguro sacás el triple que antes, y es más seguro, hay otras chicas de Paraguay, pero esas no salen, vos tendrías trato especial....


especial.

sábado, abril 09, 2011

Haiku


En ocasiones, lo que hay para decir, entra en conflicto con lo que hay para callar, es un hecho.

Lo paradójico del caso es que ese silencio, de algún modo, dice lo que uno está callando, e incluso más.

El silencio demarca lo pequeño de eso que se calla, pues el silencio es un espacio enorme, que da lugar a eso que se calla y también, lugar a que vos ( si, vos!) escuches eso que nunca voy a decirte, pero que sabés bien cierto, porque en mi silencio, también está eso que quisieras escuchar, lo que sabés que escucharías y la potencialidad de todo lo que podría ser dicho, esa eternidad de cosas, mentiras, verdades, pequeñas traiciones verbales, aún esas cosas que uno no quiso decir, queriendo decir otra cosa...

Incluso hay silencio cuando se habla y no se dice nada, que es la otra cara de hablar poco pero decir muchas cosas.

En mi silencio, estoy yo, y está tu oído atento al gran eco de lo que jamás dije, de lo que quisiera decirte y quizá no te diga por falta de preparación... por esos pequeños desencuentros donde mejor es quedarse donde uno está y dejar que todo suceda. El tiempo sucede, y uno detrás, tomado de la estela que van dejando las horas, creyendo que existimos mas allá del presente, que es lo único que hay...

En ocasiones, lo que hay para decir, es tanto que no sale, es tanto que las palabras no encuentran una forma ni un espacio. Pero descansan bien en el silencio, y los oídos atentos, pueden oír esas palabras que aunque dormidas, están presentes, por el peso de no estar, por el peso de no ser puestas en evidencia.

Hoy, lo que hay para decir quizá sea mucho, quizá no valga la pena, o quizá las palabras escondan verdades que deban ser recibidas con cierta fortaleza, con cierta integridad o preparación. No todas las palabras son fáciles de digerir, mas allá de su naturaleza.

Mañana, este silencio será historia, como todo lo que queda detrás, pero si prestás la debida atención al vacío, a los gestos ocultos, vas a descubrir, lo que tengo para decir.

Hoy, te dedico mi silencio.

jueves, enero 20, 2011

Mr. No (un diálogo posible)

Revuelve el café como si tuviera todo un día para hacerlo, descansa un canto del dedo índice sobre el labio superior y el pulgar sobre el maxilar inferior, luego da un sorbo a la taza.

- Creer que es posible no es solo un slogan, de hecho creer es solo una parte del trato, lo que sigue es hacerse cargo y ponerse en la frecuencia de lo que uno busca.
- Pará un poco querés, ¿Te comiste a un lavacocos new age, hablás vos o los libritos pedorros que solés leer? - dice el otro mientras con las manos apoyadas en la mesa, dobla y tuerce con insistencia una servilleta de papel.
- Bueno, con vos no se puede hablar, te quejás, pedís un consejo y ahora criticás lo que te digo atacando lo que crees que leo, así no vas para ningún lado.
- Me parece que decís muchas estupideces – asevera el doblador de servilleta, mientras mira a izquierda y derecha sin buscar nada en especial.
- A mi me parece que te gusta quejarte y criticar, es una linda forma de hacerse el boludo y seguir alimentando eso que tanto te jode, que al fin de cuentas, es tu forma de ver el mundo y de actuar en consecuencia.
- Estás hablando gansadas.
- Por lo menos mis gansadas no me deprimen, ni me quejo, ni critico a los demás por deporte – el revolvedor de café deja la taza en la mesa, con un leve gesto de resignación.
- Yo creo que el mundo es así, una reverenda mierda, que están los que tienen suerte y los que están meados por los perros- diciendo esto el doblador de servilleta dió un golpe a la mesa con la mano abierta, algunas personas en el bar voltearon para ver quien había causado tal ruido.
- Qué linda visión la tuya, un canto a la vida, pegate un tiro y listo, cruzá en rojo y entregate al azar del tráfico, nadá con tiburones y hacételes el loco. Y no golpees la mesa, que acá vengo siempre, no me hagas quedar como el orto.
- Tampoco dije que sea boludo che. Y me importa un carajo la mesa, yo soy así y ya lo sabés, de última es mi problema, no tuyo.
- Creo que entre la boludez y tus actitudes hacia la vida hay una línea muy delgada. Y tenés razón, es tu problema, no mío. Y como vos viniste a mí, a contarme tu historia, pasó a ser mi problema también, porque soy amigo tuyo, pero a vos no te importa eso. Golpeá la mesa, golpeate la cabeza si querés, y la próxima que necesites de mi ayuda, tratá de estar dispuesto a escuchar, que una cosa es dialogar y otra cosa es que me uses de vomitorio...

El revolvedor de café se levantó, se dirigió a la puerta y se perdió entre la gente, pensando en que “Creer que es posible no es solo un slogan”, con cierta resignación, y un dolor que representaba de algún modo, eso que le habían comentado y el no quiso creer: algunas personas - en su malestar- eligen estar mal.

martes, octubre 05, 2010

Ir

¿Vas hacia allí?
¿Vas?
Si vas, ¿Me llevas contigo?
Si me llevas, ¿Vamos juntos?
No me gusta ir solo si voy...
No me gusta quedarme si te vas...
No me gusta estar solo si vamos juntos.

¿Vamos para allí?
¿Vamos?
Si vamos, ¿Nos llevan con ustedes?
Si nos llevan, ¿Vamos juntos?
No nos gusta ir solos si vamos todos...
No nos gusta quedarnos si se van...
No nos gusta estar solos si vamos juntos.


¿Vamos todos hacia allí?

¿Si?

Published with Blogger-droid v1.6.2

jueves, septiembre 30, 2010

Mi super héroe preferido sabe hacer sandwiches

Es un perro, de pronto un asiento, una llave perdida o un vaso de agua, y le da lo mismo una cosa específica que el azar, lo estricto de una calle recta que la sinuosidad irregular de un camino en la selva: lo selvático en sus pasos se lleva bastante bien, todas las tardes entre los árboles de la plaza.
Saca una carta y de pronto aquella sonrisa del enemigo numero uno en el parque, es un rayo de luz: mi hermano querido.
Ahora sos un pescado, dice el mayor, él mira con la idolatría de esa época y le dice que "los pescados son aburridos", pero el mayor dice que la carta es un pez.
El pequeño mira la sonrisa del mayor, asiente con disgusto y abre la boca y la cierra emulando el movimiento de un pez.
El mayor ríe, le comenta que así no hacen los peces.
El pequeño también ríe y dice que "los pescados" hacen así porque son aburridos, el mayor lo señala y le dice que se parece al pez que vieron juntos en un dibujo animado en la television el dia anterior.
Los dos coinciden en eso, y comentan la situación que rodeaba al pez y a sus amigos de aventuras, ambos sentados en el balcón del departamento.
Es un pez, una lámpara, una pelusa debajo de la mesa o un tren a pilas, y no le da lo mismo, nada es igual sin la sonrisa cómplice del hermano mayor, sin el que consiguió la cartas de animales y cosas, sin el rey de las invenciones.
Era tarde y papá no llega, será que trabajó de más, y mamá que estaba en el hospital desde hacia varios meses, ¿Cómo estará?. Ahora hay un escarabajo con cuernito.
No se que ruido hacen esos, Cuando no sabés el ruido tenés que caminar como el bicho que sale en la carta, respondió el mayor.
El menor intentó caminar apoyando las manos en el suelo y estirando el cuello como si tratara de mirar al techo, Eso es una jirafa, dijo el mayor, no un escarabajo, ese bicho "es cara abajo", esta cerca del piso, abajo. Dijo esto último con una severidad académica, el pequeño repetía en voz baja "es cara, abajo", y ahora trataba de avanzar arrodillado y con los antebrazos apoyados en el suelo. Mirando hacia abajo como suponía que el insecto hacía.
Papá no llega, dijo el menor.
Ya tiene que llegar, dijo el más grande, hoy me prometió que nos traía unas revistas, ¡Que bueno! dijo el mas chico.
Un escarabajo, una cuchara y un espejo, se hace tarde y papá no llega.
Marcos tiene ocho años, el mismo que ahora esta en la cocina preparando dos sandwiches, ¿Con mayonesa o con mostaza?, le pregunta al menor, toma el sobre de mayonesa y dibuja un círculo sobre la feta de queso del sandwich.
Están sentados los dos a la mesa, con una botella de gaseosa, dos vasos, unas servilletas y dos sandwiches en un plato, en la televisión dos personajes animados discuten sobre el nombre de un pollito huérfano que no sabe hablar.
Ambos ríen, Jorge, el más pequeño dice que no tiene hambre, Marcos le recuerda lo que alguna vez le dijo su madre sobre la cena, y la fortaleza para el día siguiente.
Jorge muerde el sandwich con un dejo de tristeza, mira la televisión como mirando hacia un horizonte inexistente, Marcos se mira las pequeñas manos tomando lo que queda de su sandwich, le pide a Dios en silencio que su padre no llegue triste, porque cada vez que llega triste del trabajo se enoja y rompe algo.
Es casi medianoche, los niños están en sus pijamas, acostados en sus pequeñas camas y conversando sobre que tipo de super héroe quisiera ser cada uno.
Se escucha la puerta de entrada del departamento, unos pasos indecisos y una voz entre resquebrajada y lenta que insulta a la puerta, una silla sale despedida por la patada que el hombre que acaba de entrar le dio con la pierna derecha, silla de mierda, dice y se tira en el sillón y comienza a roncar a los pocos segundos, delante de la televisión apagada.
Papá volvió triste, dice Marcos.
Jorge llora despacio bajo las sábanas.

En la habitación de los chicos hay solo silencio. Ambos tratan de conciliar el sueño, Marcos sueña con tener poderes que le permitan volar y acabar con la injusticia del mundo, Jorge en cambio duerme con la tranquilidad de que su super héroe preferido esta cerca.

sábado, septiembre 11, 2010

martes, agosto 31, 2010

Ruiz y su arte

Era simplemente Ruiz, nadie conocía el nombre del tipo, siempre había sido hábil en las artes de hacerse el boludo, incluso cuando se murió tardaron en saberlo, era sumpremo en su arte, como él lo definía: si la vas de logi es mas fácil.
Ruiz era un tipo de esos que ya no hay.
Hablaba hasta por los codos, a veces era necesario inventar algo para que se calle, el fallecimiento de un pariente de los presentes o un accidente trágico de algún amigo inexistente, el único modo posible.
Era abogado el tipo, un Señor para algunos, para otros era un chanta, y para nosotros era Ruiz, fuera de toda clasificación, sabia más chistes que los cómicos de la época, y no era poca cosa. Chamullaba en cinco idiomas y nunca nadie supo cómo y donde había aprendido, le conocían algunos fatos gringos, pero no era una cosa en la que Ruiz tuviera constancia, le huía a las porteñas que tenían instinto de madre como a la yuta, decía que una mujer es realmente mujer cuando sabe que no va a despertar en los brazos de uno, pero todos sabemos que hubo una percanta que le movió el piso, y que bien el boludo se hizo, siguiendo fiel a su ley.
El billar ya no es el mismo, no tenemos que inventar nada, nadie habla demasiado, la policía ya no pregunta por él noche por medio - algunos sospechan que los cobanis tuvieron algo que ver en la muerte de Ruiz, pero nadie tiene un dato cierto - y la mina que aparecía todos los jueves, ahora parece que anda atrás de un quía con mucha teca, esa si que la sabe lunga...
La puta que te parió Ruiz, ¿Donde mierda te fuiste?, no era tu tiempo, cagón. Y si, que querés, se lo extraña al hijo de puta, era insoportable, pero era un tipo de los que no hay, ¿te dije, no?. Una vez se apareció con un descapotable importado, decía que era de un primo, nadie le creyó por supuesto, todos sabíamos que era un batacazo de algun negocio con los polacos, él no soltaba la lengua, si le preguntabas te trataba de botón, pero se veía, habia unas pintas sospechosas que cada tanto preguntaban por él en el billar, y cuando él estaba se quedaban chamullando en la lleca.
En la oficina no estaba jamás, comentan que habia un teléfono y una secretaria que era mas yiro que secretaria, que apenas sabía escribir. Ruiz iba a la oficina dos veces por semana a ver quien había llamado y según él a organizar algunos casos, pero viste, Ruiz laburaba mas en la lleca y en el billar que ahi arriba en ese agujero, una sola vez fui a ver si estaba, cuando no había aparecido por varios dias, la secretaria dijo que estaba en Uruguay, no había avisado a nadie el quía.
Era así pibe, hablaba de una mística profesional, para nosotros era mitad boga y mitad matufiero, pero eso si, simpático, siempre tenía la palabra justa para que estallara una carcajada, un tipazo, viste.
Nadie le creyó al cobani cuando dió la noticia, pensamos que era otra joda de Ruiz, que le había pagado al tira para que nos chamulle, pero no, el quía habia espichado nomás, que la yuta, que el yiro estaba cuando le dispararon, que había sido un atorrante que le debía una moneda, incluso los polacos fueron al velorio, ¿Podes creer?
Toda los tránsfugas del bajo en el velorio de Ruiz, parecía el patio de una cárcel mas que una casa de velorios, raro, como Ruiz mismo, raro pero pintorezco, viste.
¿Tenés fuego pibe?, gracias.
Si, ya se que era tu viejo, y un gomía de los que no hay, por eso me dió esto para vos, que la cuides y no hagas lo que él hizo, que gastes con sabiduría y sin barullo, pero que siempre puedas reir, eso me batió la vez que me miró raro viste, "si me pasa algo" dijo, yo me reí, pero hablaba en serio nomás, acá tenés.

El joven se va del billar con las mínimas instrucciones de la caja de seguridad, dobla en corrientes y camina en sentido del bajo, una vez en el banco descubrirá que Ruiz si algo supo toda la vida, es hacerse bien el boludo.

sábado, julio 31, 2010

Pelotudos aquí y allá


- La verdad es que estoy algo cansado de esta gente, de sus palabras, de su falta de respeto por los demás.
- A vos no te hacen nada.
- Si, lastiman, hieren con su pelotudez constante.
- ¿Te parece?
- No me parece, estoy seguro, estamos rodeados de pelotudos.
- Pelotudos abundan, en todos lados.
- ¡Pero no puede ser, a cada paso un nabo que dice idioteces, que te muestra lo complicado de su vida, y va por ahí repartiendo giladas!
- Bueno che, cada uno vive como puede ¿No?
- Si, como puede, miranos a nosotros, como podemos, por culpa de esos hijos de puta.
- Pero es otro clan, el de los hijos de puta, es otro tipo de gente, esos se valen de los pelotudos, hasta les hacen creer que son menos pelotudos de lo que realmente son.
- Pelotudos inconscientes de su pelotudez, bingo, traeme un cuchillo oxidado que me mato acá nomas.
- No seas gil, pelotudos hay de sobra, pero la gente piola los opaca, por suerte.
- ¿Hace cuanto que no conocés a alguien piola?, sos un poco optimista...
- No recuerdo, últimamente me cruzo mucho pelotudo...
- ¿Viste?, están por todos lados, son una lacra, una manga de zombies que se comen nuestros cerebros.
- Pará un cacho, el cerebro no te lo come nadie si vos no querés.
- ¿Estás seguro? Un pelotudo cuando subís al bondi, otro pelotudo que te clava un paquete de lo que mierda sea que venda cuando estas por dormir luego de haber esperado mil horas por un asiento, la pelotuda que me vende los cositos esos del subte y me dice “no tengo cambio” con una voz que da ganas de cagarla a trompadas. Y el pelotudo del seguridad de la fábrica que saluda como si fuera mi amigo, y siempre comenta el número que salió en la quiniela.
- Como si te interesara. ¿No?.
- Exacto. ¡ A quien le interesa la puta quiniela, pedazo de boludo, ojalá un día gane asi se va y nos deja de joder un poco con su vicio!.
- Parece que no lo queres mucho...
- Es un pelotudo importante, no tiene cura, hay gente que no zafa de eso, mueren pelotudos.
- Che, ¿Pedimos la cuenta?
- Dale, que tengo que ver al psiquiatra, en la última sesión me dijo que tengo que manejar mi bronca, encontrar un ángulo distinto, ver las cosas buenas de mi vida, y me cambió las pastillas otra vez.
- ¡Epa!. ¿No serán como esas que te tenían redopado, no?
- Espero que no, sino le incendio el consultorio al muy hijo de puta.
- Parece que ya te hizo efecto la última sesión.
- ¿Por?
- La última vez que nos vimos me dijiste que tu psiquiatra era un pelotudo.

El bar sigue el curso de una tarde más en una ciudad llena de gente, de vaivenes y palabras, de lluvia y tardes de sol, de dormidos y despiertos, de insensatos y extremistas. Y cada tanto, entre tanto ruido, hay algunos que se sientan a la mesa de un bar, se encuentran y desencuentran cafés de por medio, entre esperanzas, sobres de azúcar e insatisfacción, para luego salir, despedirse y perderse en el enjambre habitual, siguiendo los propios caminos de vuelta a casa.

miércoles, mayo 12, 2010

Siendo de la única manera posible

La puerta se abre, un hombre saluda, o saludaba, el niño ya no recuerda ni quiere hacerlo, lo saluda con un gesto habitual mirándolo de reojo y sigue colocando pequeñas porciones de alimento en la pecera que oficia de hogar para el pequeño roedor dentro. Soy un hamster, soy un hamster, se repite insistentemente sin hablar, sin mover los labios ni apenas hacer ruido con la respiración.
Hola pequeñito, el hamster se sube a la rueda.
Mamá viene tarde hoy, dice mientras acaricia al roedor.
El hombre en la cocina no responde, se escucha el ruido de una lata abriéndose, se acerca al living donde está el niño, querés, pregunta el hombre ofreciendo su lata de cerveza, no tomo alcohol, dice el pequeño, mamá no me deja.
Acá no esta tu mamá, dice el hombre mientras se sienta en un sillón descolorido y con partes gastadas, podés tomar tranquilo.
Soy un hamster, sos un hamster, somos una familia de hamsters.
No, gracias, dice el pequeño mientras mira con detenimiento al hamster que se cansó de dar vueltas en la rueda y roe un poco el alimento en la pecera.
El hombre apoya la lata sobre una pequeña mesa con algunas revistas abiertas y restos de comida.
Tomá, podes encenderlo, alguna vez vas a tener que hacerte hombre che, dice, extendiendo el brazo derecho. El niño mira con cara de hamster al hombre que le ofrece un cigarrillo, al hombre que acaba de entrar en la casa, que nunca entró en la vida del niño porque no le corresponde, porque no quiso, porque no le importa, porque esta noche el alcohol es gratis y mamá no está: porque es simplemente un hijo de puta.
El niño vuelve el rostro hacia la pecera, Hola pequeño, ¿vas a comer todo?: el hamster descansa con los ojos abiertos, mueve un poco la nariz.
La televisión muestra un anuncio donde dos niños sonríen junto a quienes suponen ser los padres, también sonrientes, rodeados del logo de la marca del cereal que se publicita. El recuerda haber comido de la misma marca de cereales por la mañana, mientras su madre dormía, cansada mil veces.
Junto con el cereal un pequeño papel en la mesa de la cocina, un dibujo de una cara feliz y un “te quiero” con la firma de mamá.
Y una puerta que se abre y una mañana que recuerda que la escuela esta a unas pocas cuadras, que los compañeros de la escuela volverán a criticar su delantal arrugado y algo sucio, que dirán cosas sobre su madre, que sabe ciertas, que sabe inciertas, que no quiere que sean.
En la escuela la maestra comenta los hábitos de algunas especies que se comen a las crías. El mira a través de la ventana hacia un cielo que no comprende, mientras la maestra sigue hablando.

Soy un hamster, sos un hamster, somos una familia de hamsters.

lunes, mayo 03, 2010

Duele en amarillo

- ¿Te duele?
- Un poco.
- ¿Que color duele?
- Amarillo, siempre duele en amarillo.
- ¿Te parece que vas a estar mucho tiempo?
- No creo, es tarde para pasear canguros, pero me gustaría mucho.
- Me parece que el dolor te hace decir cualquier cosa.
- Puede ser, ahora una serpiente me muerde la pierna derecha.
- Son fantasmas habitualmente, no le des importancia.
- También hay un hamster, caminando sobre mi pierna izquierda, me mira mal.
- Hay que tener cuidado con el, es el peor de todos.
- Se fué el dolor.
- No te engañes, a veces uno se acostumbra nomás.
- Es verdad, ahora duele de nuevo.
- ¿Que color duele ahora?
- Duele en verde, es raro.
- No tanto, pocas veces pasa que duele en verde, es en casos especiales como el tuyo.
- ¿Que tengo de raro?
- Aceptaste venir sin preguntar.
- Mire Ud.
- Ya casi termina.
- Se fue la serpiente, pero el hamster está lastimándome el ojo derecho.
- Te avisé, es el peor.
- Pero con las manos atadas no puedo hacer nada.
- Yo tampoco, no estoy acá.
- Creo que estoy perdido.
- Hace rato.
- ¿Queda algo por hacer?
- No. De hecho me despido de vos, ah, el hamster se llama igual que vos.
- Que casualidad.
- Si, como la jeringa en tu brazo, casualidad...
- El dolor se fue.
- Ahora si, es verdad.

El sol apagaba la tarde lentamente, una rata mordía el brazo tendido en el suelo, el brazo del cuerpo que miraba al techo sin mirar, momentos antes de que la puerta se abriera y llegaran los amigos y se soprendieran sin sorprenderse de que todo el dolor de él se había esfumado, con el último shot...

viernes, abril 02, 2010

Si un ave se va (Parte I)

No debes llorar.
El coro se escucha como dentro de una lata, como dentro de un cuarto cerrado, y afuera él. Nada es como ayer, ya más nada es igual, ya la tierra te ha olvidado maldito imbécil, se dice a sí mismo.
Mira a lo lejos la iglesia, en una lejanía insondable, solo unos metros lo separan de la gran construcción, de las cruces soberbias y la solemnidad de esos ladrillos que veneran a un dios sin saberlo, que fueron parte de una tierra que no se mueve más, que escucha el lamento y las culpas de los fieles. Pero no de él, que no quiere, que no acepta, que huye a eso que cree tan ajeno, tan ridículo.
Fuma sentado en el cordón de la vereda, mira aquí y allá sin mayor interés, talvez siga los saltos erráticos de algún pájaro pequeño jugando en las ramas de un árbol, y talvez recuerde aquellos viejos pájaros en el parque grande, donde solían jugar juntos. “Estos pájaros son mis amigos”, le dijo una vez mientras un ave pequeña se alimentaba con unas migajas que había tirado al suelo. Ella tenía los ojos mas hermosos que el hubiera conocido y fuera a conocer jamás, claros, ni celestes ni verdes, un intermedio exacto, como los del hijo: “este pajarito es mi mejor amigo” dijo cuando nació y apenas podía mirar a los demás. Pero en la nursery fue fácil reconocerlo, al hijo único de la hermana, esos pequeños ojos ni celestes ni grises, como los de ella, "mi ave preferida".
Los amigos le preguntaban siempre, en broma y en serio, como era que su hermana era tan hermosa y él era tan lejano a esa belleza. No sabía otra que cosa que adjudicarle eso a la aleatoriedad de la naturaleza, al balance entre lo bello y lo feo, que a él le había tocado lo segundo.
Estaré siempre contigo.
Sofía no era creyente, al menos no demostraba un dogmatismo de relevancia, creía en un dios muy particular, gustaba de las cosas que los demás consideraban simples: “sino las aves no tendrían sentido de ser, el equilibrio entre ellas y lo demás tiene alguna razón mas allá de nosotros, mira, son tan hermosas”. Y él recordaba esa tarde como el único día de aquel verano, en que Sofía conoció al que años después seria el marido y padre de su hijo: el “pequeño pájaro de ojos claros”, según la nominación arbitraria de él, el tío mas feliz del universo.
Sofia había crecido, se hizo tan hermosa como nadie pudo haberlo previsto, le ofrecieron las actividades mas diversas asociadas a la belleza que ostentaba, y desechó a todas y cada una de las propuestas: quizo pintar.
Y eso hizo, cada día mas hermosa, cada cuadro mas perfecto, mientras él juntaba canas y una vida dedicada a la empresa familiar de antigüedades.
La vida es una mierda, piensa él con el cigarrillo a punto de agotarse, con un sol que indica que la noche está mas cerca, y que el funeral está por terminar. Se contiene de llorar, apoya los dedos indice en el comienzo de su nariz, cierra los ojos y frunce el ceño.
Juan -que hoy tiene diez años- se le acerca y le dice algo. El lo mira con los ojos rojizos y húmedos de lágrimas, “Tu madre era el ave mas hermosa, ¿sabías?”.
Mamá siempre me dijo que si algo le pasara podría contar con “el pájaro mas bueno que existe”, dijo el hijo Sofía. Yo pensé que me hablaba de algún cuento, pero en el hospital me dijo que ese pájaro eras tú, finalizó.
Se miraron, se fundieron en un abrazo y él lloró.
Mi pájaro protector, siempre estarás conmigo.

lunes, febrero 01, 2010

Es que luna ha salido y tu puta cara esta allí (Oda prosaica de un hombre que no sabe olvidar y culpa a la pobre luna )

De noche se ve mas claro, los insectos son mas ruidosos, el viento tiene una textura diferente, y tu recuerdo pesa un poco menos.

Los días que separan al pasado de esta tarde han sido varios, han sido hastío y llanto en vano, han sido sangre derramada, vino, y un poco de pan.

Es que no me lo creo, no acepto que me hayas dejado como a un infeliz, dueño solo de deudas y fracasos, anhelante eterno de tu amor, si, del tuyo, puta.

Es que la vida muestra la cara mas rugosa, quizá no te merecía y lo mejor para ti era estar lejos de éste desparpajo que te ha llorado tantas veces, y tú, en el limbo indescriptible quizá con alguien, o sola, recordando los peces del mar turquesa o aquellos atardeceres junto a la montaña, ah si, pero seguro evitando mis viejas palabras, que para qué, que para quién, que para nadie....

¡Oh viento mío!, hazme un poco de espacio para poder volar un momento, para desanudarme del ancla que me ata a su sonrisa, para sentir de pronto que puedo vivir sin ella y de pronto, descubrir que soy un alma que tiene para dar mucho más de lo que ha dado con tanta sinceridad, que no te he mentido jamás y lo sabes, que he escuchado hasta que el sol nos avisaba que era demasiado tarde para dormir, y así he llegado hasta aquí, despierto desde aquellos días, hundido en tus brazos y tú en los míos.

No hay Málaga que me arregle, ni Barcelona que pueda hacerme olvidar tu cara, y por ridículo que parezca no hay libro que no tenga un personaje que se parezca a tí, y desde la página menos pensada me diga que de algún modo me ama. Odio la literatura y todas estas provincias de mierda.

¡Oh noche mía!, hazme un lugar en los espacios que iluminan el camino, para poder obviar las huellas que están marcadas a fuego en el suelo, que son las de ella y las mías, que son los pies mezclados, los árboles testigos de esta locura que no tiene fin, una luna maldita que no puedo apagar, y que recuerda de un modo trágico, que hoy ella no está.

¡Oh dueña de la noche, si escuchas el lamento de este pobre hombre que solo pide que el recuerdo desaparezca!, haz que deje de amarte, o que el tiempo desaparezca y pueda renacer en un pez, o en un insecto nocturno que espíe a los enamorados y a sus promesas, bajo la luz de la maldita luna.

viernes, diciembre 25, 2009

Soul Brother

Cada negra y cada corchea te recuerdan, y resuenan en mis oidos.

Cada brisa que se pierde dice tu nombre, por eso le escapo al viento, porque seria mucho extrañar, mucho querer estar en otra dimensión posible de esta vida, haciendo un rewind hasta el dia en que naciste, y asi jugar con vos el doble , abrazarte el doble, decirte cuanto te quiero tantas veces hasta que te canses y quizá preguntes por qué y yo te diría que porque si, porque sos una persona hermosa. Y sería un poco mas amigo que hermano, un poco mas compinche y menos padre, sería todo eso que no fui y como aún no se inventó la máquina del tiempo, no puedo corregir.

Quisiera darte la felicidad que te quitaron muchas veces, protegerte de la locura que te alimentó tanto tiempo, quisiera saber que donde sea que estés te encontrás mejor que en este mundo loco, que donde sea que existas, te rias de estas palabras y del dolor de los que aca quedamos.

Quisiera no querer, quisiera retorcer las agujas del reloj hasta que sangren y me devuelvan las horas que no supe aprovechar con vos, y cada segundo valdría por mil, cada sonrisa tuya le cambiaría el sentido a mi vida y me haría saber que volver en el tiempo fue atinado.

Quisiera saber que estoy siendo digno del tiempo que me toca, de las horas sin vos, del tiempo que no pudiste aprovechar de este mundo.

Quisiera saber, que si en algún momento voy a abandonar este mundo, como todos lo hacemos alguna vez, voy a verte de nuevo y encontrarme con aquella sonrisa, con esa inocencia que jamás vas a perder y que tanto extraño.

A veces pregunto porqué,como si algunas cosas tuvieran una razón, y nadie responde, y a veces me respondo tantas cosas que no tengo tiempo para oírlas...

Quisiera abrazarte como cuando eras chico, y con una sonrisa dejabas ver que tu mundo al menos en ese instante, era perfecto.

jueves, diciembre 24, 2009

Un saludo de navidad

Hay gente que desea lo mejor, prosperidad, alegría, el júbilo y la bienaventuranza de la navidad que el catolicismo (en particular) y los mass-media reparten a diestra y siniestra.

En estas fiestas, como en tantas que han pasado bajo el puente -como el agua y la sangre que también viajan por allí – se me ocurre que los deseos son poco naturales, poco objetivos y hasta obscenos.

Por qué digo esto, creo que un ejemplo puede ayudar a comprender el enfoque presente: un amigo me dijo una vez “¿Sabés que le pasa a mucha gente de la facultad?: nunca los cagaron a trompadas”. Asentí aquella frase como una verdad inconmovible, sin dejar de reírme por lo original y sintética que me resultaba. Y cada vez que escucho a algunas personas quejarse o acusar a los demás de supuestas mediocridades, falencias vergonzosas o adjudicarse la verdad como si fueran un oráculo, viene a mi cabeza la frase mencionada.

Creo que hay personas que por la vida que han tenido, carecen de experiencias que les hayan forjado una perspectiva amplia de las cosas (la familia, la realidad de sus amigos, el tipo de comida para la pecera, etc), y las invade el prejuicio, egoísmos ridículos o un grado de soberbia impresentable. Por supuesto que hay también de esas personas que no se guardan ninguna idea, y vociferan cual aspersor, contaminando diálogos razonables, demostrando una gran incapacidad para revisar las propias palabras y ganándose el odio de muchos.

A donde voy con esto: hay gente que necesitaría pasarla mal para corregir sus actitudes, para darse cuenta que parte de su infelicidad radica en la forma en que se comunica con las personas que la rodean. Digamos que en esto habría una fuerte relación con el concepto psiconalítico de repetición, ese dar vueltas hasta ver algo de luz y cambiar de rumbo, cansarnos de sufrir al pasar por el mismo lugar varias veces.

Podría decirse que es un hecho que hay gente que necesita vivir ciertas experiencias para revertir sus síntomas y darse cuenta de sus falencias más terribles, para en algún punto ser un poco mejores hacia adentro y hacia afuera.

Esto que digo un poco se contradice con los deseos estándar de felicidad y prosperidad que están en la punta de la lengua de todos en épocas navideñas. Pero a fines de ser sincero conmigo, debo reiterar que en esos deseos suele haber un alto grado de inocencia, ingenuidad o falta de compromiso (Desear algo bueno presupondría cierto interés sobre el destinatario de las bondades).

Hay gente que necesita -en términos de las palabras de mi amigo- ser víctimas de algún tipo de feedback constructivo y correctivo, como consecuencias de sus actos. De este modo cada persona que corrija las formas que la hacen infeliz, y en algunos casos a los demás también, sería por consecuencia directa un poco más feliz y propagaría el cambio hacia los demás.

Es por esto que mis deseos son muy particulares, y deseo para quienes necesiten cambiar, un año de dificultades, de contratiempos que los hagan reflexionar sobre sus incapacidades, sus falencias, y las consecuencias en los demás. Porque es un hecho que aunque lleguemos y nos vayamos solos de este mundo, vivimos rodeados de seres como cualquiera de nosotros: aquellos que sufren, que agreden, que creen amar, que creen odiar, que creen que sus actos son correctos, que creen que su soberbia los protege, que creen que la ingenuidad los salva, quienes desde sus dogmas creen poder iluminar a los herejes, aquellos a quienes les importa un bledo el otro, sin darse cuenta que los demás son una suerte de reflejo de lo que uno es y hace, en una sociedad donde la piedra que se tira es piedra que luego cae sobre nuestras cabezas.

Les deseo sinceramente a todos, un año lleno de oportunidades para cambiar y ser mejores, para aprender que uno puede equivocarse, para reconocer que las fortalezas que construimos son solo mentiras bien pintadas y que las verdades que dan sentido a nuestra existencia pueden desvanecerse en cualquier momento.

Les deseo una seguidilla de experiencias transformadoras, tiempo para analizarlas, y serenidad para comprender que los cambios de rumbo o de paradigmas, las pérdidas asociadas a dolores indecibles, o ciertos preconceptos destrozados, son variables para cambiar de estado de equilibrio y no motivos para odiar, maldecir eternamente o autoinfringirse heridas permanentes.

Les deseo profundamente una mayor consciencia sobre los demás, en estas fiestas y siempre.

Alejandro Gomez

miércoles, diciembre 23, 2009

Aceptar el divague como tal

Recreo la mirada con lo poco que hay, porque uno siempre quiere más, es así.
Y en ese juego visual imagino que hay dos grandes tipos de personas, en general, en el mundo, si, una generalidad que podría ser acusada de banal, simplista, o lisa y llanamente una boludez de manual.
Pero pensando un poco mas me convenzo de que no estoy tan loco y que las personas bien podrían dividirse en dos grandes y enormes grupos, por un lado aquellas que aceptan lo que les toca en suerte, la vida que llevan, las circunstancias, el último insulto del hijo menor, o el llamado reciente de la persona menos esperada. Y por otro lado, están aquellas personas que siempre quieren más, a quienes no les alcanza el presente, donde todo es escaso, las sonrisas, los abrazos, el sueldo del ultimo mes, las actitudes diarias del portero del edificio donde viven, el ladrido del perro que eligieron tener, y así : todo perfectible, ergo no alcanza.
Podríamos pensar en un grupo adicional que serían los “indiferentes”, que están mas allá de aceptar o esperar mas de la realidad que les toca, pero desde cierta perspectiva, acudiendo a un razonamiento por absurdo, por incapacidad o elección, aceptan implícitamente la vida que tienen. De otro modo estarían en el grupo de los insaciables, para quienes no hay presente que valga, pues mañana puede ser mejor que hoy obligatoriamente para que el mañana tenga sentido per se.
Camino por una avenida y me pregunto de qué lado estará esa señora que pasea a su pequeño perro, si lo acepta como es o espera otra cosa, o si en última instancia piensa comprar otro en poco tiempo y regalar éste, potencial víctima de la falta de amor de su dueña.
Veo a un anciano avanzar lento mientras cruza por el paso peatonal y un par de automovilistas tocan bocina porque el semáforo ya cambió el color y aun hay automóviles frenados. Claramente no aceptan que el semáforo esté en verde y ellos aún inmóviles, quieren algo "mejor", aunque no comprendan el motivo de su inmovilidad.
Pero si incluimos el deseo como variable, los que quieren algo mejor,¿Cómo se diferenciarían de aquellos a quienes simplemente les resulta escaso el presente, pero que sin embargo no desean algo particular, aquellos que solo desprecian el hoy, el "es lo que hay", sin metas mas claras que un "no"?.
Sigo caminando, veo un “Hare krishna” en una esquina ofreciendo sus libros, supongo que ante la dicotomía de “querer algo mejor” versus “aceptar” ellos están mas del lado del aceptar, su "aceptar" en versión oriental, orientalista, orientada, ornamental.
Me doy cuenta de pronto que no es lo mismo un aceptar cualquiera, y mi teoría de los dos grandes grupos se hace añicos. Se expande, se contrae y estalla.
Pienso en la aceptación como camino hacia la mediocridad o en un sentido semánticamente opuesto, como camino a la trascendencia.
Definitivamente, al diccionario le faltan un par de palabras nuevas.

lunes, octubre 26, 2009

¿Donde está Dios?

Conozco a una persona que nació lejos, porque lejos no es acá, ni acá nomas, lejos es allá, donde Dios se olvidó de hacer visita, y donde sus representantes mantienen la esperanza de alguna vez ser bendecidos.
En aquel lejano lugar donde esta persona nació, bajo el mismo sol que le avisaba de un nuevo día, también estaban los azotes, granos de maíz debajo de las rodillas en una época donde la violencia cotidiana de esos pagos no extrañaba a nadie, y muchas esperanzas de una vida feliz.
Conozco unos ojos que dicen más que las palabras que fueron permitidas, se adivina el dolor detrás de ese brillo que a veces desaparece.
También conozco a nuestra bendita iglesia, que desde niños nos inculca la fe y la bondad divina, y que tan bien nos inculca la sensación de culpa y el deber mas allá de la razón. Pues amarás a Dios por sobre todas las cosas. Nos enseñan que esa es una verdad inconmovible, sin enseñarnos primero que es el amor (como si supieran que es, dicho esto con la seguridad de que ningún miembro de la Iglesia podría hacerlo).
Esta persona que una vez decidió escapar de los castigos y de la desolación de un pueblo sin demasiado destino mas allá de la perpetuidad de los vicios, fue hacia la ciudad en busca de algo diferente, rosario en mano, con las estampitas preferidas en un bolsillo, y el alma en las manos, creyendo en que algún santo podría aminorar la carga y el largo viaje.
Y así la ciudad la abrazó con un matrimonio precoz, hijos que prometían ser el vehículo a la felicidad y un sistema económico que se empeñaba en recordarle que de la pobreza no se sale fácilmente, y que un viaje a la ciudad no es garantía de prosperidad.
Así pasaron los años y los avatares de una vida con frustraciones, oraciones constantes al “Jesusito” que se empeñaba en no mostrarse, que constantemente evadía los rezos.
Ni las lágrimas luego de las traiciones, ni varias estafas sufridas, ni tantas soledades y vueltas en círculos, han convencido a Dios de hacerse presente en la vida de esta persona. De mostrar al menos un instante un gesto de benevolencia.
Esta persona ha perdido un hijo en circunstancias aberrantes, ha sufrido lo indecible, y aun así va al cementerio periódicamente, y pide a Dios por el alma del hijo, mientras pregunta “Por qué”, y Dios sigue en silencio, ni sus representantes tienen una respuesta, lógica, ilógica, metafísica, o de la índole que fuera, ni la justicia de los hombres alcanza a responder a tal interrogante.
Y así y todo esta persona se persigna frente a la iglesia donde su “Jesusito” yace en una cruz, como una forma de respeto que alguna vez aprendió, y que repite, porque así debe ser, porque ahí dentro está Dios, y es un lugar sagrado; será que la santidad, el perdón, la energía sanadora de la fe se halla en concentraciones mayores bajo los techos altos de las iglesias, y no en cualquier otro lado...
Será que Dios cortó las lineas telefónicas con sus fieles, será que se cansó de tanto milagro. Tal vez esté en esos países lejanos donde los niños se mueren de hambre o bajo la explosión de algún misil, quizá haya mayor necesidad de Dios y éste en su infinita misericordia decide aparecérseles en algún sueño o visión para hacerles creer que las bombas tienen un fin divino, y que el agua contaminada que toman es agua bendita, y que el olor a podrido de ese mismo agua es una cuestión regional y que la escasez de alimento es una medida de la santidad que lograrán cuando su sistema inmune colapse y los lleve a un sueño eterno, donde tal vez Dios con un poco más de tiempo, decida atenderlos y abrirles las puerta del cielo.
Conozco también, que la persona sobre la que versa este relato, hace poco ha sufrido un asalto por parte de unos jóvenes armados víctimas de esto que algunos llaman sociedad, que tampoco conocen a Dios por lo visto, ni mucho menos un par de mandamientos que contradicen sus actividades.
Esta persona que tanto ha sufrido y perdido, aun sigue rezando por el alma del hijo, se persigna delante de las iglesias, cree en el Dios de los cristianos y obra en consecuencia, y hasta agradece tener un trabajo, que le permite gozar de una pobreza digna.

A quienes creen en el Dios de los cristianos o en el Dios benevolente que todo lo provee y en su infinita sabiduría todo lo sabe y en su omnipresencia está en cada lugar de este pequeño planeta, les pregunto: ¿Donde esta Dios para esta persona?

domingo, octubre 11, 2009

llueve

Llueve fuerte, perros y gatos.
Cada gato escupe algunos perros, y de cada perro salen gatos, que escupen perros, y asi el ciclo continúa.
Algunos en la caída se encuentran, se reconocen de a ratos, y si tienen suerte se enamoran, procrean perros o gatos, lo que caiga en suerte, y luego se estrellan contra el suelo, porque en este mundo tanto los gatos como los perros que caen, mueren al tocar el suelo, incluso los hijos de los que hallaron el amor en la caída, nada de siete vidas...
Algunos gatos han hecho sociedades en secreto con los perros que escupen gatos por la boca, mientras caen refuerzan su vínculo, y hasta se traicionan, reforzando vínculos con otros perros y gatos respectivamente, que serán traicionados también, por otros semejantes si es que no tienen la suerte de tocar el suelo antes, y mezclar su naturaleza muerta con la de los demás.
Y el charco de sangre, carne y pelo es uno solo, donde no se distingue raza, ni rasgo animal, porque hay dientes grandes, dientes pequeños, bolas de pelo y sangre, ojos que no mirarán nunca más nada, bocas que no maullarán ni ladrarán, ni escupirán perros ni gatos.
Pero algo hay de extraño incluso en el fin, cuando un animal esta por tocar el suelo, mira a los ojos al que esta arriba, perro o gato, lo mismo da. Mira a los ojos al que esta por encima, pronto a caer y sumarse a la masa informe de animales en comunión. Y mira a los ojos al de más arriba, que se contorsiona y si puede deja salir algunos animales de su boca, maullando o ladrando, escupiendo más animales que luego harán lo mismo.
Y en una secuencia ascendente, los animales miran a los ojos al de arriba, que mira a los ojos al de más arriba, y asi hasta que todos los animales de algun modo saben lo que les espera, en el instante preciso donde son conscientes de que están cayendo, que serán parte de lo inevitable: maullar, ladrar, escupir perros o gatos, y luego...
Pero aun así caen, maullando, ladrando, retorciendo sus pequeños o grandes cuerpos, encontrándose en los ojos de los otros animales, comunicándose entre sí, porque es lo que deben hacer, en lo inveitable de su naturaleza y su destino inminente.

El gato maulla porque aún no le he dado de comer, el perro ladra porque no salió a la calle en toda la tarde.

Afuera llueve fuerte: perros y gatos.

miércoles, septiembre 09, 2009

El sueño del oso polar (o la vida según David Lynch)

Las distintas partes de una misma cosa podrían significar un árbol, el ala de un insecto volador, o el aliento de una anciana hablándole a una planta que crece a la luz del sol.
Me pregunto, mis partes se disocian como ideas, mis ideas se esfuman como partículas en el aire, y con ellas las posibles respuestas, los posibles rompecabezas.
Hay un animal diferente cada día: un castor, una tortuga o un oso polar.
El oso polar me muerde, me mira y advierte de un peligro que no comprendo.
¿Qué tendrá que hacer un oso polar, me pregunto?
Me mira sin hablar, los osos polares no hablan, recuerdo.
Veo mi rostro en una grilla cuadriculada, cada pequeño cuadrado de la grilla se dispersa como polvo en el viento, el oso sigue mirando.
Las distintas partes de una misma cosa podrían significar una imagen, un recuerdo tergiversado por el optimismo, o un acorde disonante en una extraña película.
Me escucho hablar unos segundos después de mover los labios, no hay ruido ambiente mas allá de mi voz, y el oso polar se acerca otra vez y muerde, o duerme, o muerde durmiendo, o muere durmiendo, o duerme muriendo.
Estoy en este mundo, pienso, el oso habla, le digo que no tiene razón, que soy otro, y me habla nuevamente, le repito que soy otro, parece creerme y se va.
Me quedo solo, el sol resplandece, pienso, es temprano, el policía me perfora una costilla con el bastón, me habla, no le entiendo lo que dice, pero creo que no quiere que siga donde estoy, le digo que ya me voy, que ya me voy, que me voy, le hablo al bastón que resplandece con el brillo del sol, el de cada mañana. Ya me voy.
Es complicado dormir en una plaza, o morir durmiendo, o dormir muriendo.

jueves, julio 02, 2009

As I grow balder (o "El pasado en el espejo")

Una estrella, un triángulo, y su cara.
Una estrella, un rombo, y sus brazos.
Una sonrisa blanca, un aroma inconfundible, una canción olvidada.
Una mano y una frase, y otra mano, y mis dedos pequeños, o gigantes los suyos.
Y veo mis ojos en un espejo, gordo y feliz, desnudo y feliz, con mamá al lado mio, vistiéndome.
Detrás de ella la cuna, el móvil de figuras que pende del techo, y algún oso de peluche que se confunde entre las sábanas, hundidas en la blancura del día que entra por la ventana.

Me veo al espejo, gordo y cansado, con manos gigantes, sin mamá cerca, y con una cuna detrás mío, con varios peluches que se confunden entre sábanas gastadas con un color de otro tiempo. Madre no está cerca, “La abuela Chechu”, como le dicen los chicos, no esta más para cambiarme, para decirme que es hora de “tomar la leche”, ni para revisar con esa mirada tan estricta las notas de la escuela, mucho menos para llamarme trescientas veces al día para preguntarme si Miguelito ya camina o la recién nacida Estelita está bien y necesita algo. Que grande la vieja...

Una estrella, un triangulo, y una mancha de polvo en la pared.
Una estrella, un rombo y la ventana con un vidrio roto.
Mi sonrisa leve en el espejo, mis lágrimas de hijo tardío, y mil quinientas palabras que no fueron dichas. Peor que haber sido un boludo es asumirlo y no tener chance de corregir la boludez que de algún modo nos atormenta, “cabeza fresca” diría la vieja, con justa razón, y sentenciaría con un beso en mi cabeza toda su sabiduría de madre eterna, de ser comprensivo y claro, sin embargo...

No puedo recordar aquella canción, algunas notas llegan borrosas desde esta memoria contaminada por la vida de un hombre de ciudad, de un “Gordo Citadino Hiperactivo” como dicen los muchachos entre cervezas y maní los viernes por la tarde.

Una estrella, un triángulo, y la puerta que se abre y entra mi mujer, que me mira y me dice algo, que le respondo y me deja solo, que se escucha un leve portazo en la planta baja y el ruido del motor del auto de mi primo, que la casa ya esta prácticamente para la venta, que no quiero saber más nada ni verme más en este espejo que acabo de romper, que la sangre de mi puño mancha la sábanas y el suelo, que se hace de noche y van a preguntar por mí, por el gordo, y van a preguntarme por la vieja, y qué les voy a decir...

Que la quería y nunca pude decírselo.

domingo, junio 07, 2009

Inter-textualidad iterativa (o "deja vu " literario)

En una reunión -hace relativamente poco tiempo- comenté una vieja sensación ante una ronda de amigos, algo que me hubo sucedido cuando iba yo en ómnibus hacia mi lugar de trabajo una mañana de un día cualquiera de la primavera anterior.
En momento en que el ómnibus estaba por llegar a una esquina, escuché una explosión proveniente de la calle, como si hubiera reventado un neumático de algún automóvil cercano.
La explosión pudo haber sido estruendosa, o no, lo importante es que fue lo suficientemente ruidosa como para desequilibrar mi atención. Algunos minutos después me encontraba en la calle caminando, en un momento de la caminata, de pronto tuve una sensación, porque la realidad es que fue primero una sensación, luego una idea, o varias.
Puede resultar extraño 'a priori', pero tuve la sensación de que en el momento de la explosión mi realidad pudo haberse bifurcado, que en algún lugar estaba yo en medio de la explosión del ómnibus, conduciéndome hacia una muerte inevitable, y del otro lado, en la realidad que me llevó hasta este relato, caminando por la calle, pensando en esa extraña posibilidad donde coexisten dos realidades posibles.
El aspecto triste del asunto (o quizá el resguardo de toda posible cordura) -según interpreté aquel día- fue el darme cuenta de que no existe forma alguna de probar si mi sensación tiene un reflejo en este universo, si es que hay distintas realidades donde diferentes versiones de uno mismo tiene lugar , y por supuesto, donde cada uno tiene únicamente conciencia de si mismo y no de sus otros “clones” de las realidades paralelas.
Esta idea tan peculiar hizo que uno de los asistentes a la reunión que mencioné antes comentara que leyó alguna vez un libro de Paul Auster, donde al personaje principal le sucedía algo similar a lo que yo acababa de relatar.
La novela se llama “La noche del oráculo”, de la cual por respeto al lector de este post no adelantaré nada sobre la trama.
Solo me permitiré mencionar que el libro, por esas cosas de la literatura, esta relacionado de algún modo con “El halcón Maltés” de Dashiell Hammett.
De este modo, luego del ruido de la explosión, la reunión con mis amigos, la novela de Auster, y la de Hammet que estoy leyendo en estos días, concluí varias cosas. La primera es que cierto tipo de locura se contagia incluso a través del tiempo, mediante una conexión invisible entre realidades posibles, realidades concretas, experiencias transmutadas en palabras y letras imprenta transmutadas en posibles realidades, y así de vuelta a empezar. La segunda conclusión es que ciertos hechos de nuestra vida están relacionados con los libros mucho más de lo uno podría creer, a tal punto que para cada experiencia de nuestra vida hay algo escrito sobre eso, y que para cada libro escrito hay alguna persona que vive de algún modo aquello que algún personaje de la novela de alguien más ha vivido hace tiempo, y cada vez que alguien lee las páginas que cuentan aquellas experiencias congeladas en tinta sobre papel.
Brindo por Hammet, por Auster, y por cierto tipo de locura que hace que estas palabras quizá ya hayan sido dichas por alguna otra persona, en un tiempo anterior o en la novela de alguien más.